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La presentación que en el fondo tiene un tono moralizante y que en alguna parta habla del »castigo« al Japón con la bomba atómica, se revela muy pronto como un artificio muy singular que, partiendo de supuestos engañosos, logra sacar conclusiones lógicas pero sin tomarse el trabajo de examinar críticamente sus propias ideas o de pensar en sus consecuencias. Como Carr en su definición de terror excluye expresamente los daños colaterales a civiles, le quita a su tesis su plausibilidad superficial: al fin y al cabo los terroristas del 11 de septiembre no atacaron pues viviendas sino, tanto en sentido estricto como amplio, objetivos militares. La OTAN también ha destruido en Servia centrales eléctricas, antenas de radio y puentes. El número de civiles víctimas de los ataques a Afganistán o Irak sobrepasa de lejos al número de víctimas del 11 de septiembre. El remate de la confusión sobre el terror, en la cual se meten tanto ejércitos regulares como grupúsculos, es que la mejor forma de luchar contra el terror es el ataque militar preventivo contra terroristas y contra los estados que los apoyen. Esto llega al absurdo cuando Carr comienza a fantasear aparatos voladores sin piloto que, en medio de una multitud, serían capaces de encontrar terroristas seleccionados. A pesar de todo, hay pasajes verdaderamente interesantes en el libro, como cuando se advierte de lo contraproducente de los bombardeos masivos y también en el capítulo en el cual Carr se desahoga contra la CIA. Hay enfoques bastante buenos y sin duda el autor tiene un amplio conocimiento de asuntos militares pero casi todo lo que va más allá de lo histórico es insoportablemente disonante.
| Referencia | TC9723 |
| ISBN | 9788466608664 |
| Número de páginas | 255 |
| Estado | Normal |
| Notas | 1ª Edición |