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Ritter pone de relieve la tradición política de Estados Unidos en materia internacional, no siempre errónea, aunque en ocasiones discutible, y va arrojando sus puntualizaciones técnicas y su escepticismo sobre la bondad de algunos presupuestos bélicos. Ritter va arrojando a lo largo de la entrevista sus puntualizaciones técnicas y su escepticismo sobre la bondad de algunos presupuestos bélicos, tal como el derecho a la autodefensa preventiva. Se detiene muy poco en superfetaciones de corte integrista como aquélla que habla de un Eje del mal en la plataforma geopolítica del todavía bisoño siglo XXI. Por el contrario, Ritter aboga por el diálogo renovado -con o sin intermediarios- para conducir a la sociedad iraquí hacia el sendero de una transición larga y costosa hacia su modelo propio de progreso equitativo y ponderado. El entrevistado da a entender que no va a ser fácil, sin embargo, desembarazarse del tirano que en tiempos no muy lejanos, tan encarnizadamente sirvió la causa anti-jomeinista de Ronald Reagan. Ritter deambula evidentemente por arenas movedizas. El FBI, la CIA, y algún que otro agente secreto han intentado echarle un traspié, presuponiendo que sus puntos de vista desprendían un “tufo” de topo pro-iraquí enquistado en el seno de los servicios de inspección y espionaje americanos. Hasta ahora no se ha podido demostrar nada de esta suerte. Item más, Ritter reclama -suaviter in modo, fortiter in re, como gustaban decir los clásicos latinos- que él es un patriota; pero lúcido (añade de su cosecha el autor de esta página, rompiendo por una vez la regla del distanciamiento). El libro se cierra con un apéndice insó lista completa de los senadores de Estados Unidos, con expresión de sus direcciones postales, números de teléfono y correos electrónicos. ¿Hay quién de más?